martes, 22 de abril de 2014

Fogwill, una memoria moral

Fogwill es una imagen. Los bigotes alquitranados, los ojos atentos, el gesto crispado, entre payasesco y atrabiliario, el pelo canoso, los rulos a medias. Fogwill es una marca, como él quiso, despojando el apellido de otro aditivo. Es una imagen en sentido fotográfico, mercantil y también, como ha descubierto Patricio Zunini, en sentido literario. Fogwill representa la literatura de una época, es el significante de esa literatura, aunque no se lo nombre, no se lo vea o se lo quiera borrar. Es el significante privilegiado, en suma, el falo. Y él lo sabía más que nadie.

Fogwill, una memoria coral es un libro rápido y engañoso. Para empezar, uno se lo lee en una tarde. Y empieza por querer al personaje principal, que se va tejiendo entre anécdotas que se anudan a algún tema no explicitado. La primera publicación, su llegada a la literatura, las aventuras de su empresa de marketing, el emprendimiento editorial, su incorrección política, su pasión por la cocaína y la guita, sus últimos días, etc. La figura del mozaico o el caleidoscopio vendría al pelo acá si no fuera por un detalle: casi no hay una voz discordante; no al menos en lo que podemos deducir que haya sido Fogwill. Ni siquiera el recuerdo que se hace de Aira lamentando que Fogwill fuera tan pendejo. Es cierto que, sin embargo, la imagen que se nos aparece no carece de contradicciones, que la ausencia de esa discordancia nos presenta un personaje complejísimo y a veces ya mitológico. Lo complejo y contradictorio no viene al caso. Todos lo somos. Lo que importa es la medida en que lo somos. Entonces, en todo es desmesurado: Fogwill leyendo a los saltos y llenando las lagunas, Fogwill encontrando a Levrero, Fogwill descubriendo a mil, Fogwill dejando la cocaína con una dieta macrobiotica, Fogwill cantando mientras escribe y escucha música, otra música, no la que canta, Fogwill preso, Fogwil propagandista de los nuevos genios, Fogwill cansado de los nuevos genios, Fogwill navegante, Fogwill poeta, Fogwill genio, Fogwill padre amoroso, Fogwill lector sobrehumano, Fogwill melómano, Fogwill amigo leal, Fogwill amigo impresentable, Fogwill de una ética superlativa, Fogwill estafador, etc.
El libro construye la imagen viva de un periodo de la vida de Fogwill; no la vida de un hombre. Justamente no hay noticias sobre su infancia, sobre su adolescencia o sobre su juventud. Apenas la hipótesis de que era hijo único, como justificativo de su carácter caprichoso. Y está bien, porque eso no es relevante. La imagen está detenida en el tiempo, en un tiempo que dura tres décadas y que se mueve apenas cuando está por morir o a través del recambio de amigos y acólitos.
Yo que solo conozco a Fogwill por alguno de sus libros, he disfrutado enormemente de este. Quizá se deba a su formato. Zunini escribió un documental, y por respeto al género, termina el documental de la mejor manera, como uno de Marilyn Monroe o de Elvis (no elijo los personajes al azar). El último testimonio es de Sergio Bizzio y retrocede en el tiempo a su primer encuentro con Fogwill, y nosotros que somos lectores y miramos documentales vemos de nuevo vivo y joven y alegre y casi en su mejor momento, en el momento que empieza a ser, a un Fogwill que rezuma energía, alegría e idiosincrasia. Así se termina un documental, con la figurita adhesiva de lo vital.

Después de un arduo trabajo que se manifiesta en un breve prólogo y en los posteriores agradecimientos, Zunini ha logrado armar una cosa compacta, homogénea, en todo momento coherente. Y un acierto, por esta razón, en el título: la idea de coro remite a la de afinación, la de estar todos a tono. A propósito, se ha dicho que Fogwill se encargó de construir un canon, cuando la figura imperial de Borges había desaparecido. La mayoría de los testimonios del libro pertenecen a ese canon, son las voces que promocionó. A veces pienso que este libro lo escribió el mismo Fogwill a través de los años y que Zunini solo es la mano ejecutora, algo así como un poseso que obra sin la verdadera conciencia de que está participando en la elaboración de un mito. Es la obra póstuma de Fogwill, la de su constante interés por la autopromoción.

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